Quienes somos

Te acompañamos en tu camino hacia el bienestar emocional, guiados por las historias de quienes nos han confiado su proceso.

En nuestra consulta on-line,  unimos trayectorias marcadas por el acompañamiento en duelos, enfermedades crónicas como el VIH o el cáncer y muchas otras circunstancias que pueden hacer sentir soledad no deseada.  Cada paciente ha sido nuestro mejor maestro, enseñándonos sobre resiliencia, miedo y conexión humana. 

ALBERTO TARRIÑO LOZANO

Soy Psicólogo General Sanitario, estudié Psicología en la Universidad Autónoma de Madrid, licenciándome en 1998, y estoy colegiado en el Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid (Col. M-25.382).

En aquel momento no tenía muy claro hacia dónde quería encaminar mi vida profesional, así que opté por ampliar horizontes y realicé un postgrado como Técnico en Administración y Gestión de Recursos Humanos en 2002.

Durante esos años trabajé en diferentes tipos de empresas y terminé en un departamento de marketing. Pero cuanto más tiempo pasaba allí, más me daba cuenta de que algo no encajaba. Sentía que estaba desconectado de lo que realmente me importaba: las personas. Esa sensación de vacío y desmotivación me llevó a replantearme mi camino y, sobre todo, a reconectar con aquello que me había llevado a estudiar Psicología en primer lugar.

Decidí empezar de nuevo. En 2010 cursé un Máster en Psicoterapia de Tiempo Limitado y Psicología de la Salud, y a partir de ahí comencé a trabajar como terapeuta. Fue entonces cuando sentí que, por fin, había encontrado mi lugar. Desde ese momento, mi desarrollo profesional y mi formación dejaron de depender tanto de mis decisiones y empezaron a estar guiados por las necesidades y las historias de los pacientes que llegaban a mi consulta.

El trabajo con personas que viven con VIH marcó profundamente mi trayectoria. Gracias a ellos, realicé la Formación de Mediadores para el Apoyo a Personas con VIH (UNED, 2015), y más adelante, en 2019, la formación sobre “Envejecimiento y VIH” en CESIDA. Durante esos años, comprendí que vivir con una enfermedad crónica va mucho más allá del diagnóstico: implica enfrentarse al estigma, a la incertidumbre, y muy a menudo, a la soledad no deseada. Esa soledad silenciosa, que no siempre se confiesa pero que pesa, ha sido una constante en muchas de las historias que he escuchado en la consulta.

Por otra parte, también comencé a trabajar con la Asociación Española Contra el Cáncer y en HM Hospitales con pacientes oncológicos, lo que me llevó a formarme en el Máster en Psicooncología y Cuidados Paliativos en la Universidad Complutense de Madrid (2015-2017). Este acompañamiento a personas que atravesaban enfermedades graves y procesos de fin de vida, me enseñó mucho sobre la fortaleza humana, sobre el miedo, y sobre la necesidad profunda de conexión y apoyo emocional en los momentos más difíciles.

En 2017 publiqué mi novela Seres Invisibles: Aprendiendo a vivir en positivo, escrita con la intención de dar voz a las personas que viven con VIH y ayudar a otros a comprender sus vivencias desde una mirada más humana y empática.

Con el tiempo, fui observando que, además de la enfermedad o la soledad, otro tema aparecía una y otra vez en la consulta: las adicciones. Muchos pacientes recurrían al consumo de sustancias o a conductas adictivas como una forma de aliviar el sufrimiento, de escapar de recuerdos dolorosos o de sobrellevar la carga emocional del presente. Comprendí que la adicción no es solo un problema aislado, muchas veces era una manera de sobrevivir cuando el dolor no encuentra otra salida.

Por eso, en 2016 decidí formarme en “Chemsex. Nuevos patrones de consumo de sustancias en HSH” en la Dirección General de Salud Pública de la Comunidad de Madrid. Y más recientemente, entre los años 2024 y 2025, he completado en el Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid el Experto en Intervención Clínica en Adicciones (Nuevos ámbitos y técnicas integradoras), que me ha permitido abordar estas problemáticas desde una mirada más amplia y compasiva.

A lo largo de todos estos años he continuado formándome en técnicas como EMDR, Mindfulness y otras herramientas que considero valiosas para acompañar mejor a mis pacientes. Cada curso, cada sesión y cada persona me han enseñado algo nuevo sobre la resiliencia, el miedo, la soledad, el amor y la capacidad de seguir adelante.

Mirando hacia atrás, puedo decir que
mi trayectoria profesional ha sido una evolución constante guiada por mis pacientes: personas que viven con enfermedades crónicas, que luchan contra la soledad, que enfrentan la pérdida o que buscan una salida al dolor a través de la adicción. Ellos han sido, en realidad, mis mejores maestros.

SONIA GARCÍA GÓMEZ

Desde siempre supe que mi camino estaría ligado a las personas y a su bienestar emocional. Por eso, entre 1993 y 1998 me formé en Psicología en la Universidad Complutense de Madrid, especializándome en Psicología Clínica y de la Salud. Aquellos años despertaron en mí un interés creciente por comprender el sufrimiento humano, la fragilidad, pero también la enorme capacidad de adaptación que todos poseemos. Complementé mi formación con el título de Especialista Universitario en Asesoramiento Psicológico de Orientación Dinámica en la Universidad Pontificia de Comillas, una etapa que marcó mi forma de acompañar a otros desde una mirada más profunda y humana. Actualmente soy Psicóloga General Sanitaria colegiada, en el Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid, con  Col. M-25.141.

Mis primeros pasos profesionales los di en entornos muy diversos. Entre 2000 y 2007 trabajé como administrativa, y también descubrí el ámbito del telemarketing, experiencias que, aunque alejadas de lo clínico, me aportaron habilidades que luego serían valiosas: escucha, organización, gestión emocional y trato continuo con personas. Sin embargo, pronto comprendí que mi lugar no estaba ahí. Mi vocación seguía llamándome, recordándome por qué había elegido Psicología.

Ese retorno definitivo llegó de la mano del trabajo con personas mayores, especialmente con quienes vivían con Alzheimer u otros tipos de demencias. Desde 2005 trabajé en diferentes centros —Centro Médico Psicogeriatrico (C.M.P), ASISPA y posteriormente en Edad Dorada – Mensajeros de la Paz, donde me dediqué a la evaluación psicológica, la intervención cognitiva, el apoyo a familias y la impartición de formaciones para cuidadores, como por ejemplo: técnicas de relajación. Aquellas vivencias me enseñaron que acompañar el deterioro cognitivo no es solo una labor técnica: es un ejercicio constante de respeto, paciencia y sensibilidad hacia quienes sienten cómo su mundo va transformándose sin quererlo.

A partir de ahí, la gerontología se convirtió en un pilar importante de mi formación. Me especialicé en Intervención Gerontológica y continué ampliando conocimientos en áreas clave como neuropsicología, dependencia o el acompañamiento psicológico en procesos de vulnerabilidad.

Sin embargo, la vida profesional siguió abriéndome caminos. En 2011 inicié una nueva etapa en la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC), donde desempeñé durante varios años diferentes roles de coordinación y atención psicosocial en el Hospital Central de la Defensa Gómez Ulla y en el Hospital General Universitario Gregorio Marañón. Allí aprendí que el cáncer no solo afecta al cuerpo: remueve proyectos, temores, vínculos, rutinas… Y, sobre todo, muestra la necesidad urgente de apoyo emocional, información clara y acompañamiento respetuoso. En estos años coordiné hospitales, equipos de voluntariado, campañas, formaciones y espacios de desahogo y acompañamiento emocional para pacientes y familiares. También participé en jornadas y formaciones relacionadas con la atención oncológica, la psicooncología y los cuidados paliativos.

Mi compromiso con la formación nunca se ha detenido. He ido completando cursos en áreas tan distintas como inteligencia emocional, voluntariado, psicooncología y psicoterapia breve. A lo largo de estos años, cada capacitación ha respondido a una necesidad concreta surgida del trabajo directo con las personas.

Finalmente, en 2022 decidí dar un paso natural en mi recorrido y compaginar mi trabajo en el Hospital Gregorio Marañón con mi labor como Psicóloga General Sanitaria en el ámbito privado. Desde entonces, acompaño a personas en sus procesos de dolor, cambio, trauma, duelo, incertidumbre o búsqueda de bienestar. Mi práctica actual se nutre de todo lo aprendido en el camino, y está profundamente marcada por las historias que me han confiado.

En los últimos años he seguido ampliando mis competencias clínicas, incorporando formación en gestión emocional y fortaleciendo una mirada terapéutica flexible, integradora y adaptada a cada persona.

Hoy, mirando hacia atrás, sé que mi trayectoria no ha sido lineal, pero sí profundamente coherente. He trabajado con quienes afrontan pérdidas, enfermedades crónicas, deterioro cognitivo, cáncer o transiciones vitales complejas, todas estrechamente relacionadas con la soledad no deseada. He acompañado a cuidadores, familiares, pacientes y voluntarios. Y, en cada una de estas etapas, he descubierto que el mayor aprendizaje proviene siempre del otro: de sus miedos, su fortaleza, sus dudas y su inmensa capacidad para seguir adelante incluso en los momentos más frágiles.

Mi profesión es, en esencia, un camino de acompañamiento. Y cada paso que he dado —cada formación, cada cambio, cada experiencia— ha estado guiado por las personas que han confiado en mí.